Bajar las revoluciones.
No sé qué os pasará a vosotros, pero mis vacaciones siempre han necesitado de un breve período de adaptación que me permita acompasar el nuevo ritmo cotidiano. Es como cuando se circula con el coche durante muchos kilómetros a velocidades altas: al detenerse, es muy recomendable mantener unos minutos el motor al ralentí, pues pararlo sin más puede resultar perjudicial para la mecánica. Del mismo modo, el cuerpo mantiene las inercias de la rutina diaria, inercias que son más acusadas cuanto más ajetreado sea nuestro ritmo de vida. Como el mío es un caldo de continua actividad, debo atenuarla paulatinamente, de lo contrario llega el gran batacazo en forma de bajón físico, psíquico y anímico. Yo lo he bautizado como cero absoluto, y en mis años de juventud significaba la reclusión total en mi casa en plan niño burbuja: dosis masivas de sueño, lectura, sofá, autismo voluntario y horarios anárquicos. Mis amigos lo sabían y me dejaban unos días tranquilo, porque al final resurgía cual Ave Fénix, con plena disposición para el ocio y la diversión. Ahora que soy padre de familia, no hay cero absoluto que valga: siempre existen obligaciones que atender, y éstas son precisamente las que me ayudan a adaptarme al compás vacacional. Me refiero a compartir al cien por cien las tareas de la casa, a jugar y hacer los deberes con mi hija, a clasificar los papeles y escritos, a ordenar el despacho y poner a punto la casa, etc. Tareas que realizo, por otra parte, de forma pausada, sin urgencias, y que a su vez me permiten pensar en las musarañas, fantasear con nuevos relatos o, simplemente, no pensar. De esta forma voy relajándome y adquiriendo el espíritu necesario para disfrutar del tiempo libre en toda su dimensión.
En un anaquel de mi librería, aguardando el momento oportuno, descansan unos cuantos libros: uno en inglés, policíaco (un género que me apasiona), "The Various Haunts of Men", de Susan Hill; otro en catalán, "Pel car de fora, Catalunya des del mar", de Carlos Barral (un regalo), donde el autor ofrece un recorrido por el litoral que tanto amaba (y que yo disfruté en mi adolescencia), desde Calafell hasta Colliure; y un best seller que me han recomendado, "La Hermandad de la Sábana Santa". Para momentos puntuales (los leo a oleadas), Rilke, Cela ("La Colmena") y Cervantes ("El Quijote"). Me gusta alternar lecturas de diversa naturaleza y enjundia. Textos difíciles con aventuras, poesía con ensayo, humor con novela negra.
También esperan, esta vez en mi mente, la terminación de un relato para el que no acabo de encontrar la forma definitiva; y la concepción de un proyecto de más envergadura que nunca llega: la novela que siempre he querido escribir, sólo por el hecho de comprobar que soy capaz de hacerlo, independientemente del resultado.
Finalmente, estos posts ocasionales, pensados y escritos a fuego lento en la tranquilidad del hogar, contribuyen sin duda a que su autor vaya adquiriendo la consistencia de un ser humano mucho más reconocible en el espejo.
P.D.: mis pasiones cinéfilas han empezado con buen pie. Anoche vimos una obra maestra: "Entre copas". Ya os comentaré. Mmmm... A vuestra salud.
En un anaquel de mi librería, aguardando el momento oportuno, descansan unos cuantos libros: uno en inglés, policíaco (un género que me apasiona), "The Various Haunts of Men", de Susan Hill; otro en catalán, "Pel car de fora, Catalunya des del mar", de Carlos Barral (un regalo), donde el autor ofrece un recorrido por el litoral que tanto amaba (y que yo disfruté en mi adolescencia), desde Calafell hasta Colliure; y un best seller que me han recomendado, "La Hermandad de la Sábana Santa". Para momentos puntuales (los leo a oleadas), Rilke, Cela ("La Colmena") y Cervantes ("El Quijote"). Me gusta alternar lecturas de diversa naturaleza y enjundia. Textos difíciles con aventuras, poesía con ensayo, humor con novela negra.
También esperan, esta vez en mi mente, la terminación de un relato para el que no acabo de encontrar la forma definitiva; y la concepción de un proyecto de más envergadura que nunca llega: la novela que siempre he querido escribir, sólo por el hecho de comprobar que soy capaz de hacerlo, independientemente del resultado.
Finalmente, estos posts ocasionales, pensados y escritos a fuego lento en la tranquilidad del hogar, contribuyen sin duda a que su autor vaya adquiriendo la consistencia de un ser humano mucho más reconocible en el espejo.
P.D.: mis pasiones cinéfilas han empezado con buen pie. Anoche vimos una obra maestra: "Entre copas". Ya os comentaré. Mmmm... A vuestra salud.